Nicolás Heis: poemas de la tierra


La poesía de Nicolás Heis refleja, en gran medida, sus propias vivencias personales. Un tema recurrente en su obra es el amor por su tierra y por el campo, es decir, por sus orígenes, que siempre tuvo presentes en Barcelona, la gran ciudad a la que emigró a principios de la década de 1970.
En el número de diciembre de 2013 hemos querido reproducir dos poemas que se centran en esta temática; el primero de ellos, Pues te lo voy a decir, fue cantado durante el recital que, en su homenaje, se realizó durante la celebración del Día de la Ciudadanía, el pasado 10 de noviembre.

Pues te lo voy a decir

¿Quieres saber quién soy yo?
Pues te lo voy a decir.
Aquel chiquillo que un día
se vino de Andalucía
cansaíto de sufrir.
¡Un don nadie!, un labraor
que se crió en la miseria
y se largó con la feria
escondío en el volaor.
Un cordobés de esos “malos”
que soñaba ser artista
y tuvo que coger pista
jartito de tantos palos.
Yo empecé siendo porquero
y especialista en caminos.
¡No corren na los cochinos!
cuando van al bañaero.
Y también fui melonero
cultivando en el melonar
¡Qué buenos eran aquellos
de las tajás señalás!
Con ocho años estaba
de algodonero a destajo,
surco arriba, surco abajo,
con matas que me tapaban.
Y después, aceitunero,
que se me helaban los pies.
Recogiendo las del suelo
por un sueldo de mujer.
Con once añitos cumplíos
puedo asegurarle a usté
que tenía un historial
que envidiaría Nicolás,
el jefe de la ugeté.
De letras nada sabía,
mas no le quiero engañar,
que recuerdo que entendía
un letrero que ponía
en la tienda del señó Blas
diciendo “aquí no se fía”.
Por eso ahora te digo
que no me asusto de ná.
Lo mismo te siembro el trigo
que luego te hago el pan.
Pero fue mi perdición
venirme de aquella tierra.
Desde entonces ando en guerra
con el alma y la razón.
Porque la razón me dice
que tengo que estar aquí,
y el alma, sueña vivir
volando entre las perdices.
Bebo vino de mi tierra
porque es el mejor que hay.
Ando de farra y de juerga
cuando me deja mi suegra,
¡Que me trata como a un rey!
Tengo un tesoro en mi casa
que es pa mí como una santa:
¡Mi mujer! ¡Tiene una raza!
Yo no sé cómo me aguanta.
A ver si no es santidad,
que cuando llego borracho
ya me tiene preparao
mi platito de gazpacho,
mi jamoncito y un cacho
de chorizo colorao.
Y después que me lo endiño,
me dice con mucho amor:
“túmbate un rato, cariño,
que dormirás como un niño.
¿Te pongo el ventilador?
No tengo quejas de ná.
Ni de familia ni amigos,
se portan tos bien conmigo
y me sobra libertad.
Si no fuera porque, a veces,
se me atraganta la pena
de no ver Sierra Morena
cada día que amanece.
De no quitarme del pecho
este núo que lo atraviesa
cuando pienso en la dehesa,
los arroyos y el barbecho.
No tengo quejas de ná,
y quiero mucho a esta tierra,
pero lo mío es la sierra...
el campo y la libertad.
¿Qué hago yo en la ciudad?
Sin entender de artificios
y entre tantos edificios
que tapan la claridad.
¿Tú sabes cómo me siento?
Te confieso que estoy harto.
Miro pa arriba: cemento.
Miro pa abajo: el asfalto.
Delante tengo un convento
y detrás un bloque alto.
Ni un tomate, ni un pimienot,
solo accidentes, infartos,
que un incendio, una pelea.
¡Si aquí no hay tranquiliá!
La gente la ves que va
tan solo con una idea:
no bailar con la más fea,
es decir, no hacer de ná
a costa de lo que sea.
¿Qué hago yo en la ciudad?
Si yo me siento más vivo
escuchando una chicharra
a la sombra de un olivo
que oyendo cantar a un divo.
¡Yo soy hombre de guitarra!
Y, sin embargo, ¡ya ves!
Aunque no estoy conforme,
aquí me tienes metío,
en medio de tós los líos
con pistola y uniforme.
Dejándome hasta el sentío,
manejando ordenadores,
gestiones, indicadores...
¡Yo no sé cómo he aprendío!
Estoy llegando a un extremo
en que lo veo tó mu oscuro
y me llego a figurar
que de esta yo no me curo
y que no valgo ni un duro
por aguantar y aguantar.
Duermo poco y malamente,
porque toa la noche estoy
que si vengo, que si voy,
con un desfile de gente
que ya parece mi mente
un pabellón de Sant Boi.
¡Menos mal que mis amigos:
Jorge Sánchez, el gaditano,
su hermano, el joyero, Paco...
y otros muchos que no nombro,
ya me llevarán tabaco
cuando me encierren por loco!
¿Querías saber quién soy yo?
Pues lo voy a resumir,
aunque suene a perogrullo.
¡Soy andaluz con orgullo
desde el día en que nací!

El andador de la Vera

Yo soy la Tierra, tu madre,
y tú mi hijo Andador,
yo te di caminos, aire,
montañas, agua, verdor
y el corazón para andarme.
Yo te hice trovador,
te di el afán y la voz
porque pudieras cantarme
y puse rayos de sol
alumbrándote la sangre.
Yo soy tu madre, Andador.
La que sostiene tu casa,
la que te forjó en la raza
del hombre trabajador.
Yo soy la vid, el olivo,
la huerta, el campo de trigo,
la llanura y el alcor.
Soy la ribera, la playa,
la base de tu atalaya,
y tú, mi hijo, Andador,
el cronista que me canta
con apasionado amos.
¡Siempre al lado de Fuensanta!
Con tu VERA en la garganta
y mil caminos en flor.