Historia de la Hermandad del Cristo del Amor y la Virgen de los Dolores


La Hermandad de la Virgen de los Dolores, de El Rinconcillo, nació en febrero del año 1996, cuando la imagen de la Virgen es traída a la aldea. Por aquel entonces, el monitor de baile de la Academia Municipal, Alfonso Gálvez, de La Victoria, daba clases a ocho niños en el pueblo. Una tarde, Javi, Gonzalo, Rafi, Pepi, Amparo, Raquel, María y María José llegaron a clase diciendo que las “monjitas” habían traído una Virgen al pueblo y la habían dejado en casa de Josefa, una vecina encargada de cuidar la iglesia y de todo lo que conlleva ese cargo. Todo el grupo se desplazó al lugar donde estaba la Virgen y el monitor le brindó su ayuda a Josefa para vestirla, dado que desde pequeño había aprendido de la mano de Rosalía Maestre, Sacristana de la Iglesia de San Pedro de Alcántara del vecino pueblo de La Victoria. Josefa le hizo una saya, otra vecina cosió un manto, y Alfonso trajo nos encajes para elaborar el tocado.
La inquietud de los niños por sacar en procesión esta imagen llevó a que ellos mismos ejerciesen como costaleros en un pequeño paso de metal perteneciente a la otra hermandad de El Rinconcillo, la Hermandad de la Virgen de La Asunción. Lo que en principio era jugar a la Semana Santa se convirtió, dos meses después, en un emotivo acto cuando la “Reina del Dolor”, en la tarde del Viernes Santo, paseó con la elegancia y, a la vez, con la alegría que transmitieron los niños. Se convirtió en la “Procesión de los Niños”, y la gente se volcó acompañando a la Virgen en esta primera salida.
Hay que decir, a modo de anécdota, que como no había banda que los acompañase, cogieron el esqueleto de un carro de la compra y, sobre él, ubicaron un gran radio-casete con una cinta de música de Semana Santa.
Cuando pasaron los años, se comenzaron a elaborar los hábitos de Nazareno y a la procesión se fue uniendo cada vez más gente, así hasta que se decide adquirir una imagen de Cristo a la que dar culto y que acompañe a la Virgen en la Estación de Penitencia. Dicho y hecho: el año 2002 fue un año de trabajo muy duro dado que, a los gastos habituales de la hermandad, se sumó la confección en seda blanca con brocados en oro de una nueva saya para la Virgen en los talleres de Carmen Checa de Córdoba, por lo que los gastos ascendieron a 60.000 pesetas; a ello se añadió la adquisición de la imagen del Cristo en Murcia por un precio que ascendía a la cantidad de 140.000 pesetas, así como la ejecución de un nuevo paso de grandes dimensiones, comprado en el taller-carpintería de los Mellizos de El Rinconcillo, con un precio de 120.000 pesetas. Ese año de 2002 fue inmejorable, tanto en participación como en apoyo y brillantez de los actos.
En 2003, durante un cambio de ropa a la Virgen que coincidió con la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Asunción, el 15 de agosto, se descubrió una gran grieta en la cabeza de la imagen y otra que partía del pecho de esta. Desde la hermandad se pusieron en contacto con Francisco Romero Zafra, insigne escultor, para ejecutar una restauración con la que devolvería a la imagen su antigua policromía, la dotaría de su primitiva belleza y, a la vez, descubriría que data del siglo XVII. Este hombre también ayudó a la hermandad cobrando un precio casi simbólico por su trabajo.
En 2004 llegó el gran declive pero, a la vez, la inyección que la cofradía necesitaba. Cuando se comenzó a reunir a la gente para programar los actos y ensayar para salida de ese año, por más encuentros que se convocaban, nadie acudía; el Hermano Mayor puso carteles para que la hermandad no desapareciera, pidiendo desesperadamente apoyo para esta iniciativa que años atrás había visto la luz. La respuesta fue afirmativa y la gente acudió a esa reunión; muchas personas que no habían tenido nada que ver con la cofradía allí estaban, brindando todo su apoyo. La cuadrilla de costaleros se vio gratamente incrementada por hombres y mujeres que, junto a los ya chavales, comenzaron a ensayar para ese Viernes Santo. Se repartieron nuevos cargos para la directiva, se planificaron los actos para esa Cuaresma y posterior Semana Santa y se estudiaron las necesidades tanto físicas como espirituales que tenía la hermandad. También se contempló la posibilidad de comprar una corona para la imagen de “La Lola”, nombre cariñoso con el que se designa a la Virgen; haciendo rifas y pidiendo una colaboración a Cajasur, que dio un donativo, se adquirió finalmente una corona de canasto en metal sobredorado en un taller orfebre de Sevilla durante la celebración de Munarco, la muestra de arte cofrade que esta vecina ciudad celebra cada año. El coste fue de 390 euros.
El día 6 de abril de ese año se celebró una misa para la coronación de la imagen y la bendición del Cristo, a la que se invitó a varias hermandades de La Carlota, La Victoria, La Guijarrosa, El Arrecife, Monte Alto... Todas asistieron con sus respectivos estandartes y medallas, y acompañaron a la Virgen en una posterior procesión que recorrió algunas calles del pueblo, tras lo que degustaron una sabrosa merienda con dulces caseros hechos por la Hermandad y por colaboradores que arrimaron el hombro en este acto: todo ello para recaudar fondos y seguir adelante el caminar de la hermandad. A la vez, dos voluntarios decidieron salir de casa en casa para intentar hacer hermanos y esta iniciativa sumó a la lista de la Hermandad a otras noventa personas del pueblo, entre adultos y hermanos infantiles.
A día de hoy, la hermandad no cuenta con estatutos; sin embargo, existe una perfecta coordinación entre los miembros de la junta directiva lo que, junto a la colaboración de muchas personas de El Rinconcillo y pueblos vecinos, hace que las actividades de la cofradía salgan adelante.
La hermandad no cuenta con un cuartelillo o una casa-hermandad, sino que las reuniones, los ensayos de los costaleros, etc. tienen lugar en la misma iglesia de El Rinconcillo.
A día de hoy la Hermandad del Cristo del Amor y la Virgen de los Dolores cuenta con ciento siete miembros adultos y treinta y cinco niños, una elevada proporción de menores que se debe a la vinculación histórica de esta cofradía con los pequeños.
Presidente: Antonio Ruz.
Hermano Mayor y Capataz: Alfonso Gálvez.
Tesorera: Rosa Alcántara.
Camarera: Isabel Dovao.
Mayordomo: Juan Colorado.