PARA TI, MI ÚLTIMO SUSPIRO


Las cinco en punto de la tarde. En el salón sentada en una silla, la madre del torero sola, con la única compañía del sonido de las agujas del reloj que marcan la suerte que correrá su hijo esta tarde en la plaza. Entre sus manos el rosario que le regaló su madre el mismo día que su nieto tomó la alternativa lleno de fe e ilusión. En su corazón una única plegaria al Santísimo. En cada Misterio recuerda la lucha de su pequeño desde la infancia: el primer pase de muleta, los duros entrenamientos teniendo como únicos testigos de excepción el rocío de la mañana y los suspiros de la luna susurrándole olés en la noche, las aparatosas cogidas tras los envites del morlaco traidor del descuido vengándose de su fortuna al modelar su escultural cuerpo dejando cornadas intemporales o la salida por la Puerta Grande entre vítores, pañuelos al viento clamorosos y claveles rojos alzando sus brazos victoriosos como si tal paloma en libertad se tratase. Llorando y rezando al mismo tiempo sufre en secreto su angustiado corazón. De repente una voz melodiosa irrumpe en su silencio: – Hija he escuchado tus ruegos. No temas, mi Madre lo cubrirá con su manto y Yo custodiaré su alma. Todo esfuerzo será recompensado. De fondo suena el teléfono: ¿Sí? Pregunta con voz temblorosa impresionada por lo que le acababa de acontecer. -¡Mamá! ¡Soy yo! ¡Ha sido una tarde gloriosa! ¿Estás ahí? – Sí, si cariño me alegro mucho. Disfruta de tu triunfo. Un beso. Al colgar, tras un suspiro profundo y con una sonrisa de alivio exclamó: ¡Para ti hijo mío, mi último suspiro!

Por Jennifer Rojas

Twitter:@JennieRoj23