Si digo que el mundo es todo una porquería y está poblado de canallas no es verdad, porque en el mundo hay también gente buena, muy buena!.

El apocalipsis numera nada menos que a 144.000 justos de todas las tribus: 12.000 de cada tribu. Y esto sabiendo que los números son simbólicos, nos insinúa que, a pesar de todo, hay gente decente en todas las tribus del mundo. En el susodicho se dice que esos justos son de la tribu de Judá, de la tribu de Rubén, de la tribu de Gael, etc.

Pero yo creo que no me equivoco si traduzco del griego al lenguaje vulgar, de esta forma: De la tribu de los honrados adres de familia 12.000 justos. 12.000 justos que aguantan el sueldo con una mano y su familia con otra. 12.000 y más, muchos más de 12.000 que anda justos justos! 12.000 mujeres y hombres del campo, del tajo, del taller, de la oficina que conservan la sonrisa, el amor, la bondad y la fe.

De la tribu de los ancianos buenos, 12.000 justos. Los ancianos y las ancianas ejemplares que han pasado a ocupar la retaguardia de la sociedad sin lamentos y sin regaños.

Los ancianos buenos, los complacientes, los aconsejantes discretos, los sonrientes ante las nuevas generaciones. Los que se han constituido en una retaguardia imprescindible para apoyar todas las vanguardias: los que están ahí, no para demoler el mundo nuevo, sino para hacer su cimiento más sólido; los que tuvieron ayer la fuerza para sostener el mundo y hoy tienen la generosidad de entregárnoslo con el mismo amor con que un día lo sostuvieron para nosotros.

De las tribus de las amas de casa, 12.000 justas, las doce mil, y los doce millones de madres y esposas; y también a veces de hijas y tías solteras, con sus batas de casa y quita polvos, sus planchas, sus escobas, sus ollas y sus cuadernos de cuentas, han hecho que en este mundo haya siempre un sitio bueno, que es el hogar. Las que han cuidado el fuego mientras los demás nos hemos ido de casa, o de pesca, o a la lucha de cada día.

Las 12.000 que ha derramado doce millones de lágrimas, han preparado para la vida a doce millones de niños, se han tragado doce millones de penas y han limpiado doce millones de culos. De las tribus de los samaritanos buenos, 12.000 justos. Los doce mil que se dieron cuenta de que hay siempre un hombre herido en el camino de nuestra vida, los que se apearon de su burro, de sus intereses y de sus egoísmos para sacar de apuros a un pobre prójimo que está por tierra, 12.000 hombres y mujeres de conciencia que sospecharon que el derecho de propiedad no les aseguraba mucho el derecho en conciencia a aquellos dos denarios que entonces llevaban en el bolsillo.

Los que pusieron su propio aceite y su propio vino sobre las llagas y la sangre de los demás. Los 12.000 que soportaron y guardaron silencio cuando se les calumniaban, se les machacaba, se le marginaba, para que los demás no sufrieran.

Después vi una gran multitud de compañeros y amigos que nadie podía contar, de todas las clases y tribus y pueblo. También hay gente buena, si señor: también hay gente muy buena!

“CIUDADANO DE A PIE”