Recuperando nuestra historia a través de los objetos

Manuel Carmona conserva en su casa una colección en la que se recoge gran parte del pasado reciente de nuestro pueblo y de todo el mundo rural andaluz. Durante décadas, este arrecifeño ha ido recopilando y restaurando objetos expuestos en cuatro salas de su hacienda. A continuación, reproducimos fragmentos de la entrevista que concedió a Carlota TV hablándonos sobre los orígenes de su afición por el coleccionismo, así como de sus inquietudes.
“Empecé pronto con esto, cuando tenía 12 o 13 años. Entonces, mi casa era una casa de campo, llena de animales, había toda clase de aperos de labranza… Era una cosa muy singular que, habiéndome criado yo entre esos instrumentos, pues yo le tomase cariño (…). Desde pequeño, aunque no tenía espacio, todo lo que me encontraba lo iba guardando; se tiraban muchas cosas antiguamente en los vacies, estercoleros, arroyos… y yo las iba aglutinando. Hasta mi familia me decía que era un ‘chatarrero’. La verdad es que, al no tener una nave, muchas cosas se han ido perdiendo, pero otras las he conservado. Luego, mi afición se fue acrecentando; empecé a viajar, a moverme, cuando era trabajador de Colecor; he ido a muchos pueblos y he visitado muchos museos. Fue con la localización de un trillo de pedernal de la familia de mi mujer, con más de 200 años, cuando de verdad creció mi afición y empecé con la restauración de las antiguas cuadras, pajares y demás… Con un albañil, y yo de peón, fuimos transformando y haciendo todas las salas que tengo (…). Hoy, incluso con 62 años, la afición se sigue manteniendo; ya no tengo esas ganas de trabajar que tenía antes, cuando podía tirarme hasta las 2 o las 3 de la mañana lijando y barnizando, pero la afición… moriré con ella.”
“En mi familia no hay nadie que se haya interesado por el tema este de antigüedades (…). Por otro lado, yo estudié magisterio, y tengo mucha relación con compañeros que han venido aquí… pues me he quedado sorprendido cómo niños de 12 o 13 años, que a lo mejor han estudiado el Paleolítico, el Neolítico, la Edad Media, etc. han venido aquí a ver el museo, y no conocen ningún instrumento agrario en un pueblo colono como La Carlota, cómo se ha forjado nuestra Andalucía con estos instrumentos, estos aperos. Creo que olvidar esto es olvidar nuestra historia; creo que un pueblo que no tiene historia no tiene vida (…). Es lamentable que no se estudie una asignatura en la que los niños sepan lo que es un trillo, un rastro, un bielgo… esto es parte de nuestra historia, de nuestra cultura. Vaticino que, de seguir esto así, de aquí a muy pocos años los niños no van a saber absolutamente nada de campo, van a pensar que los huevos salen de El Corte Inglés y no de las gallinas. Yo me he quedado alucinado con la ignorancia total que hay sobre este tema. Para mí sería una satisfacción muy grande, cuando yo me jubile, ir a los colegios a dar clases, para que estas cosas no se pierdan.”
“La verdad es que es una afición ‘de locos’, hay que estar un poco loco para estar horas enteras cogiendo una cosa vieja, lijándola, barnizándola… pero es tanta la ilusión, la alegría que te produce, y tanta la satisfacción de ver una obra bien hecha, bien realizada, que compensa todos los problemas que puedan venir. Y cuando una cosa se hace con alegría, felicidad, aunque no te lo reconozcan (…), a mí me da igual: yo sé que algún día algún nieto, algún bisnieto, sabrá valorar, sabrá reconocer que esto es parte de nuestra historia, y que la historia es fundamental en Andalucía”.
“También soy un gran aficionado a las armas y, además, también tengo una gran afición por los coches antiguos; al principio, no eran mi gran afición, pero compré uno… y ya tengo seis. Esto es una droga: empiezas por uno, y terminas comprando cada vez más; y comienzas por aperos de labranza, y acabas con útiles de farmacia, útiles de cafetería… La verdad es que el coleccionismo no tiene fin, es un gusanillo que entra en el cuerpo.”