Vocación de enseñar


El colegio de Las Pinedas cuenta, desde hace tres años, con una maestra para la unidad de Educación Infantil, muy conocida por los padres de los más pequeños de Las Pinedas y Chica Carlota, Pilar Calvo.
Esta simpática cordobesa ha ejercido como maestra de Educación Infantil desde hace catorce años, y desde muy pequeña ha tenido claro que su vocación es la enseñanza.

Pilar, ¿cuándo comenzaste a ejercer tu trabajo en Las Pinedas?
Desde hace tres años.

¿Habías estado anteriormente en un colegio rural?
No. He estado en muchos pueblos: Peñarroya, Cabra, Las Navas del Selpillar, Villanueva del Duque... También estuve en la costa, en San Pedro de Alcántara. Y en Córdoba. Pero nunca en un colegio rural.

¿Cuáles son los aspectos positivos y negativos del trabajo en un colegio rural?
Positivos, todos. Son prácticamente clases particulares, los niños reciben una atención que no tienen los que están en clases con una ratio de veinticinco o veintisiete niños por clase, en las que hay niños con unas necesidades educativas especiales y una sola persona para todos... Aquí hay muy pocos niños y, aunque están los de 3,4 y 5 años juntos, los mayores ayudan a los pequeños, los pequeños aprenden lo que dan los mayores, los mayores repasan cosas que les fallan de otros años... Como todo el día estás aportando ideas y trabajando todos los contenidos en todo momento, se benefician los niños.

¿Respecto a la parte negativa, por ejemplo, estar en carretera todos los días...?
Eso no me supone ningún problema porque, menos los cuatro años que estuve en Córdoba, siempre he tenido que coger el coche. El problema es que aquí estoy sola, no hay compañeros y siempre te surgen cosas: por ejemplo, niños que se ponen malitos y tienes que llamar a la familia... De momento, no se ha accidentado ninguno en tres años. También están los problemas personales que puedan surgir: yo tengo hijos y antecualquier incidente no puedes dejar a los niños con un compañero; o, si te encuentras mal, no tienes quien te eche una mano. Ese es el único inconveniente que veo.

¿Siempre has dado clases en Educación Infantil o también en Primaria?
Estuve en una guardería cuando terminé la carrera, y luego las oposiciones las saqué por Infantil. Soy de ciencias, profesora de matemáticas de Primaria, pero me gustan más lo pequeños.

¿Cómo ha sido la acogida en Las Pinedas?
El primer año, hasta que te conocen, pues como en todos los sitios: tienes que “hacerte querer”, que te conozcan las familias. Luego, cuando se van viendo los resultados y a los niños felices, que van contentos al cole... la cosa va cada vez mejor. Este año podría haber tenido la posibilidad de estar en una aldea donde tuviera más compañeros, pero en la fiesta de fin de curso del año pasado los padres me comentaron si podía volver, que estaban encantados... y ni lo he intentado.

Los niños, ¿cómo crecen y aprenden en un entorno rural?, ¿qué aspectos positivos y negativos destacarías?
Psicomotrizmente, están mejor que los niños de ciudad, que no pueden salir. Antiguamente nosotros salíamos a la calle a jugar solos, pero ahora, como no sea al parque acompañados de los padres... Aquí viven también en viviendas más grandes, en casas; allí vivimos en pisos, que son más pequeños.
Luego, inconvenientes, creo que en una ciudad, aunque no sea grande -porque a Córdoba yo no la considero grande- los niños tienen bibliotecas, cines, parques más grandes... Los de aquí, si no los llevan expresamente los padres, se pierden estas posibilidades. Pero aquí están mucho más al aire libre, disfrutan, tienen su parquecito, salen por las tardes... hasta que llega el mal tiempo. Además, en estos pueblos hay pocos niños también; allí, en cualquier bloque vive gente que tiene un montón de niños. En el colegio hay solo tres niños de Pinedas, y los demás están arriba [en Chica Carlota].

¿Qué fue lo que más te llamó la atención de Las Pinedas cuando viniste?
Pues, la verdad, yo no sabía ni que existía este pueblo. Cuando pides colegios te indican todos los nombres, y por eso yo sabía que Fuente Palmera tenía muchas aldeas, y que por Santa Cruz y en la carretera de Granada había también, pero no que en La Carlota también. Conocía Aldea Quintana porque había ido allí algunas veces a comer. Lo que tampoco sabía es que el sistema del colegio iba así. Pedí este por cercanía, pensando que el colegio estaba en Aldea Quintana, sin saber que se dividía entre tantas aldeas... de eso me enteré el primer día de claustro.

¿Cuántos alumnos tienes y de qué edades?
Son nueve: tres de tres añitos, cuatro de cuatro y dos de cinco años. Los dos de cinco pasan el año que viene a 1º de Primaria arriba, en el colegio de la Chica, y no sé cuántos entrarán de tres años el próximo curso. Había más niños en la aldea, pero la opción de comedor y aula matinal del centro de La Carlota les ha interesado más a los padres.

¿Por qué elegiste ser profesora?, ¿qué es para ti la educación?
Desde siempre me ha encantado estar con niños. Ya de pequeña jugaba a eso, con mi pizarra en mi cuarto, imitando en mi casa lo que la profesora nos decía y hacía; las muñecas eran los alumnos... No he tenido duda. Hice selectividad, que no hacía falta para optar a la carrera de Magisterio entonces, pero yo la hice por si me arrepentía, y la aprobé. Solicité Medicina, en la que también me admitieron... pero yo lo tenía claro. También tenía claro que me gustaban los más pequeños, pero cuando entré en la facultad, no había Infantil en la pública. Entonces, seguí con la rama de ciencias, pero al final las oposiciones las saqué por Infantil.

¿Quieres añadir algo más?
Pues que espero estar muchos años. El único inconveniente es la carretera, pero aquí se está mucho mejor que en Córdoba porque allí la ratio es muy numerosa, hay muchísimas necesidades educativas especiales dentro de cada clase y a veces no hay apoyo, no hay monitores, no hay ayuda, tú lo pasas y los alumnos también.