Amor por la naturaleza


Antonio Velasco es un vecino muy conocido en nuestro pueblo por su afición al deporte, que lo llevó a fundar la Peña Ciclista Carloteña y a participar en la organización de eventos desde el Club de Atletismo Los Alcaravanes. Pero, además, desde que se jubiló hace siete años, ha podido dedicar una gran parte de su tiempo a otra de sus grandes ilusiones: disfrutar de la naturaleza. En Los Algarbes, donde reside, ha preparado un huerto ecológico en el que, además de hortalizas y verduras, tienen cabida muchos tipos de árboles, la mayoría autóctonos pero que ya apenas podemos encontrar. También ha preparado corrales para sus cabras, conejos, patos, pavos y las más de treinta razas de gallina procedentes de todo el mundo que ha ido adquiriendo y cuidando. Nada más llegar, vemos una pava correteando por la hierba con sus crías. Antonio nos explica entonces un hecho, ocurrido unos días atrás, cuanto menos curioso: “El otro día sentí de repente un ruido... me asomé y, aquí mismo, de día, había un búho real que, en un momento, se llevó a cuatro crías. Una se le escapó y cayó, pero ya estaba muerta. Las demás, me costó mucho que volvieran a salir, tenían tanto miedo que no querían”.

Antonio, ¿hay otros animales que cacen por aquí, como los zorros?
Aquí no, ellos se quedan donde hay malezas y carrizos, cerca de los ríos. Enfrente del centro evangélico había un barrero donde íbamos a hacer los ejercicios de tiro; los cantateros iban ahí para coger la masa y hacer alfarería. Pues en esa arcilla hay un montón de zorros, porque cuando se seca eso no se hunde y allí hacen sus galerías. Esa arcilla también es muy buena para curar heridas y para la piel.

Aquí en tu huerto, ¿qué siembras?, ¿has experimentado con alguna innovación, algo fuera de lo común?
Yo no soy muy partidario de andar con hibridaciones y transgénicos, ni con la adulteración de la naturaleza. Lo que hago es sembrar cosas naturales, de lo que siempre hemos tenido. Han venido con un tractor y me han preparado un trocito para sembrar a partir de la semana que viene. Empezaré con el brócoli, las coles, coliflores, rábanos, acelgas, espinacas, lechugas...
Con los árboles pasa lo mismo, tengo muchas variedades, para que no me falte fruta todo el año. Por ejemplo, ahora estamos terminando los higos y empieza la granada; termina la granada y empieza el membrillo y los caquis; y no han terminado los caquis y ya empieza la naranja temprana, luego las mandarinas... así tienes ciclos. Las últimas naranjas las he cogido hace pocos días, ya que tengo una variedad de naranjos que son muy tardíos. Entonces, en todo el año solo va a haber unos cincuenta o sesenta días que no vamos a tener naranjas. También tengo ciclos de uvas: algunas ya las estás comiendo por San Juan, y otras están ahora empezando a echar fruto: esas son las que nos vamos a comer para finales de año. Pero no tengo gran cosa, esto es algo familiar, un hobby.

¿Cómo te informas sobre los diferentes tipos de árboles?
En primer lugar, me gusta leer mucho, documentarme y también preguntar a gente experta, peritos y técnicos agrícolas. Me informo primero y luego escojo a mi criterio.

Por otra parte, ¿has tenido panales?
Sí, he tenido muchos. Las colmenas mías se las regalé a mis hijos, pero ellos no las llevaban y se las dimos a un amigo mío. Ahora están en uno de los sitios más bonitos de la sierra de Córdoba, en la carretera de Villaviciosa. Fue mi padre el que me aficionó a eso. Tuvimos primero unas colmenas de tabla, y luego las hicimos de corcho. Aquí mismo tengo sembrados alcornoques; lo que haces es cortar el troncón, pones una mitad frente a otra, colocas un travesaño y ya tienes la colmena. Lo malo es que con ese tipo de colmena, para sacar la miel estropeas todo el trabajo que tienen hecho las abejas; sin embargo, con las modernas sacas la miel pero les dejas las celdas. Quitas un tapón del panal, lo metes en una máquina con unas élices, las giras con un motorcillo o manualmente, la miel sale con la velocidad y va cayendo por una salida que hay en la parte inferior. Luego coges ese trozo de panal, lo vuelves a colocar en su sitio, las abejas rellenan los huecos y, de ese modo, sigue sirviendo.

Volviendo al huerto, ¿qué cultivo te ha costado más sacar adelante?
He intentado traer cultivos de otros sitios y no prosperan: por ejemplo, el cerezo. Hay muchísimos árboles que me gustaría tener, la tierra es buena, pero el problema es el clima: crecen pero no producen. Yo me he dado cuenta de que, si es posible, tienes que plantar cosas autóctonas. Lo que he intentado últimamente es recuperar otro tipo de plantas: aquí tienes madroño, tomillo, romero, lavanda...

¿La tierra de Los Algarbes es buena?
Hay distintas zonas, algunas que tienen muchas piedras y otras son mejores. Ahora mismo, aquí donde estamos, no hay mala tierra. Es un un poco arenosa y, por eso, admite muy poca agua, pero tiene que ser continuada; no es como las tierras arcillosas, que guardan la humedad durante mucho tiempo. Esas son muy buenas para las viñas. Por eso hay tantas clases de uva y de vinos: los peritos o los técnicos estudian una zona para ver qué variedad es la mejor para ese sitio en concreto. A lo mejor esa variedad que has plantado la llevas a otra zona y ya no sirve.
Aquí, en Los Algarbes, lo mejor es el naranjo, el olivo... árboles autóctonos. Si no, al final te gastas el dinero, haces un esfuerzo y no producen.

Por otra parte, ¿cuáles son los animales que has traído?
Me han traído unas gallinas de Holanda, pero no se han adaptado. Luego, hay otras especies que son más resistentes. Aquí tenemos el problema de que, o hace mucho frío, o mucho calor. Las especies que son de fuera suelen soportar mejor el frío, pero no el calor.

¿Cuántas especies de gallinas tienes?
Hay más de treinta variedades. Algunas son americanas y se han adaptado; otras, por ejemplo, son muy vistosas porque tienen todo vestido: las manos, los pies... son las Brahma, de la India. También hay de Japón, de Australia...

¿Cómo conoces nuevas variedades?
A mí es que esto me ha gustado siempre: mi madre me parió así. Saber sobre fauna y flora... Lo que pasa es que, por circunstancias de la vida, tuve que desconectar, por mi profesión... Pero esa afición estaba ahí. Ahora que me he jubilado, puedo hacer lo que yo siento. Y así he empezado a trabajar en lo primero que tuve en mi vida.
Para mí es muy importante que, cuando vayas andando, sepas lo que estás viendo. A veces voy a la sierra con gente, hay una cantidad de árboles... y al final nadie los conoce. Pero a mí, cuanto más pasa mi vida, más me gusta la naturaleza y más disfruto con ella.